Silencio

Necesito estar en silencio. De un tiempo a esta parte, me molestan todos los ruidos, los externos y los internos, y lo malo es que los de fuera no me dejan escuchar a los de dentro, y así no puedo resolver nada.

Esto que parece muy filosófico es mucho más terrenal de lo que parece. ¿hacemos la prueba? Durante un día, anota todos los minutos que permaneces en silencio, sin ningún tipo de input audiovisual ni intelectual. Haciendo este ejercicio me he dado cuenta de que vivo en ruido constante: me levanto por la mañana y me pongo la radio mientras desayuno, me arreglo y saco a mi perra Galleta; en la oficina para concentrarme muchas veces me pongo los cascos; de camino al trabajo, a casa o a cualquier otro sitio, si no voy en la moto, voy escuchando podcasts; y en el gimnasio si no voy a clase con su correspondiente música me pongo Spotify a toda pastilla mientras entreno. Y llega la hora de acostarme, y esos minutos antes de dormirme, son los únicos en los que estoy de verdad en silencio.

“La capacidad de maravillarse es el motor mismo de la vida. Pero vamos tan atolondrados y voluntariamente distraídos cada minuto del día que es imposible que nos maravillemos con nada. Vamos por la vida ciegos y sordos ante lo inesperado”.

El silencio es enriquecedor en si mismo, es una cualidad, algo exclusivo, un lujo, una llave que puede abrirnos muchas formas nuevas de pensar. Y no hace falta hacer un retiro de 10 días en silencio absoluto, no es un sacrificio ni nada espiritual, sino un recurso práctico y GRATUITO para vivir una vida más rica y consciente. Una forma de vivir experiencias más profundas que la de poner la tele.

El estado ‘natural’ del cerebro es el caos, creo que esto es indiscutible. La mente no se calla, es imposible dejarla en blanco, por eso los falsos gurús de la meditación que prometen ayudarte a dejar la mente en blanco son charlatanes. Punto. Los días se suceden en piloto automático, según lo que hemos establecido previamente en nuestra agenda que tiene que pasar. Como dice mi admirado Mario Alonso Puig, “no somos homo sapiens sino más bien homo faber”, solo hacemos y producimos, pero ni pensamos ni reflexionamos. Y lo malo llega cuando salimos de esa rutina del hacer, cuando nos quedamos en silencio, porque es entonces cuando se manifiesta el caos, el ruido de verdad.

No seré yo quien ponga en duda las bondades de los avances técnicos en todos los ámbitos… en todos, menos en uno: en su relación con el ser humano. Estamos tan sumamente estimulados por nuestra capacidad técnica, que hemos concentrado todas nuestras energías en la producción y el consumo de objetos. Utilizamos nuestras capacidades humanas para satisfacer nuestras crecientes necesidades materiales artificiales, olvidándonos de la necesidad más primigenia: SER y SENTIR.

El silencio bueno, el de verdad, no es la ausencia de sonido, sino la ausencia de ruido. Ese ruido mental de autoexigencia y culpabilidad que nosotros mismos generamos. En nuestra sociedad se desaprueban en general las emociones. Si no lo sientes, no importa, pero que lo parezca. Hoy en día vivimos rodeados de pequeños demonios que nos hacen envidiar, ambicionar y ansiar aquello que vemos a través de una pantalla y que en el 90% de los casos NO ES DE VERDAD. En palabras de Fromm (La vida auténtica):

“El hombre moderno vive bajo la la ilusión de saber lo que quiere, cuando, en realidad, desea únicamente lo que se supone (socialmente) que ha de desear”.

En un artículo del New York review of Books se referían a la batalla entre los creadores de aplicaciones móviles como la nueva guerra del opio, en la que los responsables de marketing han adoptado la adicción como una nueva e infalible estrategia de negocio explícita. Heidegger, a propósito de la tecnología (lo que él conocía, nada que ver con lo que tú y yo conocemos), decía:

“De ser hombres libres pasaremos a convertirnos en recursos”.

Para mi recursos en este contexto es sinónimo de followers, usuarios únicos, visitas, comentarios y likes, ¿no crees?

Pues bien, el silencio es justamente lo contrario a todo esto. Es vivir experiencias sin pensar demasiado. Es dejar que cada momento tenga su importancia. Es no vivir a través de otras personas ni de otras cosas. Es encontrar un propósito en la vida más allá de parecernos a alguien que solo conocemos a través de una pantalla; es salirse de las normas establecidas y dejar de ser ‘normal’ para ser uno mismo. Citando de nuevo Erich Fromm en La vida auténtica:

“Uno se reviste de un determinado perfil de personalidad y representa de la manera más perfecta posible el papel de triunfador consciente y seguro de si mismo. (…) La identificación con ese yo escenificado puede llegar a ser tal que el implicado y su mundo circundante tengan dificultades para reconocer quién es en realidad, ya que representa su papel tan ‘auténticamente’ que de su auténtica forma de ser no queda nada”.

El resultado de este wanna-be (quiero y no puedo) constante no es otro que la inseguridad. Y la consecuencia directa de este abandono de la espontaneidad y de la individualidad no es otra cosa que la frustración de la vida. Te suena, ¿verdad?

Quiero cerrar este post con dos citas de grandes pensadores que parecían más la Pitonisa Lola, porque no pudieron acertar más en su descripción del devenir del ser humano, Pirandello y de nuevo Erich Fromm:

“No poseo identidad, no hay yo, excepto que aquel que es reflejo de lo que los otros esperan que sea; yo soy ‘como tú me quieras'”.

“El hombre moderno está hambriento de vida, pero puesto que siendo un autómata no puede experimentar la vida como actividad espontánea, acepta como sucedáneo cualquier cosa que pueda causar excitación o estremecimiento: bebidas, deporte, o la identificación con la vida ilusoria de los personajes ficticios de la pantalla”.

Ahí lo dejo, en todo lo alto, para que le deis al coco y reflexionéis. Como siempre, me encantaría conocer vuestra opinión, podéis dejarme un comentario aquí abajo o en IG. Nos vemos muy pronto por aquí, y muy pronto también nos escucharemos en mi nuevo podcast, mientras puedes encontrarme en Instagram como @janafr o en mi mail jana@janafernandez.es.

Beso fuerte,

Jana

NOTA DE LA AUTORA: si quieres compartir este post ¡genial!, pero por favor, si utilizar parte o todo el contenido de este post en otro site/blog/RRSS, acuérdate de mencionarme 😉 ¡Gracias!

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