Yin Yoga: “No hurries, no worries”

 

¡Hola a tod@s!

Éste es el último post que escribo desde Bergen. El próximo lunes me marcho a Oslo, donde estaré una semana, y de allí a Suecia. En estos casi dos meses en tierras noruegas he visto llover mucho (insisto, MUCHO. ¡No me extraña que sea todo tan verde!), he conocido los famosos Fiordos (¡preciosos!), he aprendido 4 ó 5 palabras en noruego (¡fantastisk!), he comprobado que comen más cosas además de salmón (sopas de todos los colores y sabores, por ejemplo) y he practicado un estilo de yoga del que antes sólo había oído hablar: el Yin Yoga. Si hay algo que me gusta del Yoga entendido como un todo es que es una disciplina infinita, siempre te permite seguir aprendiendo y avanzando, es la historia interminable. El descubrimiento del Yin Yoga ha sido tan bonito que voy a dedicarle el post de hoy.

YOGA RESTAURATIVO. YOGA TRANQUILO. YOGA SILENCIOSO. YOGA ÍNTIMO. 

Estos son algunos nombres con los que es conocido el Yin Yoga, un estilo de yoga calmado y simple pero no por ello fácil. Como seguramente sabréis, los conceptos taoístas del Yin y el Yang, fundamentales en la medicina tradicional china, exponen la dualidad de todo lo existente en el universo. Son dos fuerzas opuestas pero complementarias. El Yin es femenino y representa, entre otras cosas, la pasividad; el Yang es masculino y significa actividad, movimiento.

El Yin Yoga es, pues, un yoga pasivo frente a los estilos Yang o dinámicos como Vinyasa, Ashtanga, Anusara o Bikram entre otros. Sin Yin no hay Yang, y viceversa, ambos necesitan de su otra mitad; de ahí que la combinación de yoga pasivo y dinámico sea una mezcla perfecta. En mi caso, que practico Bikram y Ashtanga, el Yin Yoga es el complemento ideal. Las dos primeras prácticas suponen un trabajo muscular intenso mientras que en el Yin Yoga es necesario relajar los músculos. Mediante la relajación y la gravedad se llega a la apertura de las articulaciones y de los huesos, lo que permite reajustar y alinear nuestra estructura ósea. Por lo tanto, no sólo se complementan muy bien porque son estilos opuestos sino porque las posturas Yin preparan el cuerpo para las posturas Yang.

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Shoelace Pose. “Las posturas de Yin Yoga inciden en los tejidos conectivos (fascia, huesos, nervios, vasos sanguíneos, ligamentos, vísceras)” 

Siempre he dicho que en Yoga lo peor que puedes tener es prisa. Pues bien, en la práctica del Yin Yoga esta característica adquiere una importancia todavía mayor. Las posturas se mantienen entre 3 y 5 minutos -en algunos casos incluso más- porque el cuerpo necesita tiempo para reconocer la postura y la postura necesita tiempo para hacer su trabajo. Es un estilo de yoga que te enseña a estar quieto, algo tan simple y tan complicado al mismo tiempo; te enseña a ser, a estar contigo mismo, a mirarte frente a frente, a aceptar las cosas tal y como son, a escucharte. Esta práctica interior y profunda requiere que el alumno esté dispuesto a intimar consigo mismo, con sus sentimientos, sensaciones y emociones. De ahí que se utilice, según he podido saber, como terapia en la rehabilitación de adicciones, trastornos alimenticios, ansiedad o traumas.

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Dragon Pose. “Las asanas de Yin Yoga se centran sobre todo en las caderas, el sacro y la columna” 

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Squat Pose. “Con la práctica de Yin Yoga recuperamos la flexibilidad perdida con los años” 

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Seal Pose. “Si tu cuerpo dice “no”, acéptalo” 

Desde que estoy en Bergen practico Yin Yoga 3 veces a la semana. La profesora logra crear un ambiente casi mágico en la sala: música chill out, luz tenue y su voz guiando suavemente la práctica. Durante los 75 minutos que dura cada clase consigo olvidarme de todo. Nunca antes había experimentado tan intensamente el AQUÍ y el AHORA; realmente es como si todo se detuviera durante un rato. No hay tensión, no hay ruido, no hay dolor. Sólo soy yo, sólo estoy yo. Y estoy en PAZ.

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Sleeping swan. “Whatever comes, let it come; whatever stays, let it stay; whatever goes, let it go”

¡Un abrazo fuerte!

Namaste.

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