Menos quehaceres y más placeres

Vivimos ocupados. Saltamos de una actividad a otra sin darnos tiempo para parar, estar presentes, prestar atención a lo que estamos haciendo y con quien estamos, y conectar con nosotros mismos. Somos una generación de malabaristas, todos jugamos con varias pelotas a la vez, todo el tiempo. Somos pioneros digitales que pueden poner en marcha una start up como si tal cosa porque es más fácil y rápido que nunca, pero no somos capaces de crear/diseñar un trabajo que realmente nos guste, y una vida que nos apasione, muchos menos disfrutarlos y saborearlos.

Estamos saturados de ideas y de posibilidades; tenemos más oportunidades y más incentivos que nunca. Somos muy listos, hemos aprendido trucos para mantenernos en la brecha aunque estemos agotados, porque siempre hay deadlines que cumplir. Vivimos en un estado de híper-actividad gracias a todo el café y las bebidas energéticas que nos bebemos, de la adrenalina que genera nuestro estrés crónico; cada vez entrenamos más, cada vez tomamos más azúcar para seguir teniendo energía y cada vez comemos comida más procesada e instantánea que nos ayude a ahorrar tiempo para poder hacer más cosas. Y auto-medicarnos se ha convertido en una práctica habitual para esos momentos en que ya no podemos más y nuestro cuerpo nos lanza señales de SOS en forma de catarros, gastroenteritis, lesiones y enfermedades más graves.

“Somos adictos a estar ocupados, nos resistimos a bajar el ritmo, somos adicto a la prisa”

Cuando te preguntan cómo estás, la respuesta “bien, ¡pero hasta arriba!”, ¿te suena? Nos encanta contarle a los demás lo ocupados que estamos. Nos hace sentirnos importantes. ¿Por qué? Porque hay una parte de nosotros, hay una parte de ti, que cree que no eres lo suficientemente bueno, te sientes inferior, y eres tú mismo el que se castiga pensando que hagas lo que hagas, nunca es suficente.

Así que cuando entras en el círculo vicioso de estar ocupado, inmediatamente te sientes digno, valioso, aunque sea una gratificación falsa. Sumergirse de esta forma en nuestro trabajo y en una lista interminable de “queaceres” es una forma de tratar de llenar el vacío. Es una gran manera de escapar de ti mismo y de tus problemas. Quedarse atrapado en este círculo es adictivo. Una vez que creas esa tendencia de siempre estar ocupado, se convierte en un hábito arraigado. Y lo peor es que tu mundo, nuestro mundo, fomenta el ajetreo y la prisa.

Estamos más conectados que nunca, y nuestras mentes se están ahogando en contenido. Cada minuto los usuarios de Facebook comparten 2,5 millones de publicaciones, y los usuarios de Instagram suben casi 220.000 fotos. Dormimos con nuestros teléfonos debajo de la almohada y lo primero que muchos hacen al despertar es ver qué ha pasado en las redes sociales, en vez de ver qué les pasa por dentro.

Estamos enchufados, encendidos y sintonizados las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Y no mostramos signos de desaceleración a corto plazo.

Se honesto contigo mismo. Es hora de que analices tu propio nivel de actividad. ¿Te encanta decirle a la gente lo ocupado que estás? ¿Te hace sentir mejor cuando lo haces? Cuando la vida se calma, ¿llenas rápidamente el espacio con cosas que hacer? Con todo lo que estás haciendo malabares ahora, ¿hay algo que puedas dejar ir?

Piensa en algo a lo que dijiste que sí hace poco. Realmente, ¿era necesario? Tomar más conciencia de con cuántas pelotas estás haciendo malabares a la vez es un buen primer paso. ¿Te das cuenta? No eres una máquina, pero actúas como tal. Pones el piloto automático al levantarte y así pasas el día, en modo máquina, con cada minuto del día ocupado. Imagínate que fueras una batería humana, vas perdiendo energía y agotándote a lo largo del día. Cuando llega la noche, estás completamente a cero de energía, pero vas al gimnasio a hacer una hora de spinning o te tomas un café bien cargado y ya tienes adrenalina y cuerda (artifical) para un rato más. Estás cansado ​​pero conectado, que es lo importante, y así es como pasan tus días.

¿Cuántas veces cargas el móvil o el ordenador al día? Si te quedas sin batería te da algo, ¿a que sí? Pues lo mismo pasa contigo, con tu cuerpo, que el día que se queda sin batería, te da algo de verdad, en forma de ciática, hipertensión, colesterol, dolores articulares y de cabeza, contracturas, lagunas mentales, o cosas más graves. Tienes una cantidad finita de energía para funcionar, pero también tienes la capacidad de poder recargar las baterías cuidando un poco más de ti. Invierte en ti haciendo algo que te genere bienestar y nutra tu sistema. Si no puedes escapar de la oficina, busca un lugar tranquilo para hacer una meditación guiada en lugar de comer delante del ordenador mientras ves correos; si puedes salir de la oficina, haz algo positivo que te aleje de tu mesa por una hora, ya sea una clase de yoga o un paseo con tus compañeros.

Tienes derecho a ese momento, te lo mereces y lo necesitas.

Te dejo los 6 pasos fundamentales que a mi me ayudan día a día a no entrar en modo-máquina, o a cambiarlo por el modo-zen cuando me dejo arrastrar por esa necesidad de hacer constante:

  1. Deja de decir sí. Si no sabes de qué te hablo, vuelve a leerte este post
  2. No intentes agradar a todo el mundo. es imposible. Mejor intenta agradarte a ti con tus decisiones y tus actos.
  3. EMO (Enjoy Missing Out) vs FOMO (Fear of Missing Out), es decir, no caigas en la parte mala de las redes sociales que te llevan al chequeo constante para no perderte nada. Al contrario, disfruta de estar unos días o unas horas sin saber qué pasa en el mundo.
  4. Deja de decir “Vida solo hay una vida” y “Ya dormiré cuando me muera”. Dormir es tu forma de recargar las baterías, si no duermes te mueres, de verdad, y muerto poco vas a disfrutar de la vida.
  5. Permítete expresar lo que está esperando salir: emociones, pensamientos, todo lo que no dejas salir se queda dentro, se enquista creando nudos emocionales que te impiden ser feliz. Verbaliza.

MENOS QUEACERES Y MÁS PLACERES

Nos vemos muy pronto por aquí, mientras puedes encontrarme en @janafr o en jana@janafernandez.es.

¡Mil besos!

Jana

NOTA DE LA AUTORA: por favor, si utilizar parte o todo el contenido de este post en otro site/blog/RRSS, acuérdate de mencionarme 😉 ¡Gracias!

Photo credit: Ashley Batz para Unsplash.

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