Filtros químicos vs. filtros físicos. La protección solar a examen

La semana pasada mi querida @thebeautymail publicaba un post súper completo y súper interesante sobre lo “sano” que es estar moreno. A partir de una foto tremenda de un niño con la espalda llena de ampollas por una sobre-exposición prolongada y sin protección bajo sol, desgrana en una entrevista al Dr David Saceda, médico residente de dermatología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid los grandes mitos del bronceado, como lo del “rojo de hoy es el moreno de mañana”, lo de ponerse aceite pringoso con SPF 6 “porque ya estoy morena y no necesito más”, etc.

A estas barbaridades que cometemos al borde del mar o la piscina, hay que añadir las que perpetramos en terreno urbano: terraceo para el aperitivo a pleno sol, salir a correr por el retiro a las 2 de la tarde (aquí hay varias barbaries juntas…), o ir en moto a pleno sol en tirantes, con minifalda o shorts, sin gafas de sol… No se si pasa en otras ciudades pero en Madrid hay muchos que piensan que el sol de la ciudad no quema… Es sorprendente lo que nos preocupamos por lo que comemos, por hacer ejercicio, por echarnos bien de cremas durante el invierno, pero cuando llega el verano perpetramos todo tipo de tropelías sobre el órgano más grande de nuestro cuerpo: LA PIEL. ¿Es que la palabra melanoma (cáncer de piel) no asusta lo suficiente?

Un problema añadido a nuestra inconsciencia es que la poderosa industria cosmética (sólo el mercado de los productos solares mueve al año más de 10 billones de dólares en todo el mundo) no siempre juega limpio. Uno de los puntos que trata la entrevista de Cris Mitre es el de los filtros químicos vs. filtros físicos. En principio ambos tipos son adecuados, y depende más de la tolerancia de la piel que de otra cosa (las pieles sensibles suelen tolerar mejor los físicos o minerales). ¿Pero qué pasa si te digo que 9 de los alrededor de 20 filtros químicos aprobados por la FDA provocan alteraciones en el sistema endocrino, que la mayoría de los protectores solares químicos son lo suficientemente pequeños como para ser absorbidos por la piel y pasar directamente al torrente sanguíneo, que la mayoría de los protectores solares químicos pierden hasta el 90% de su eficacia en tan sólo una hora tras su aplicación, y que todos los filtros químicos empiezan a hacer efecto 30 minutos después de su aplicación? ¡Miedito!

Que conste que esto no es en absoluto una cruzada contra la química, pero si una llamada de atención. Los primeros protectores solares aparecieron hace un siglo en forma de cremas densas y pastosas muy difíciles de extender; cuando en los años 20 Coco Chanel puso de moda el moreno, la industria se puso las pilas para crear productos más agradables, para lo que se sustituyeron los filtros físicos por otros químico que absorbían los rayos UV en lugar de reflejarlos como hacen físicos como el Dióxido de Titanio y el Óxido de Zinc, que permanecen sobre la piel reflejando los rayos, no absorbiéndolos, y que por ello son efectivos desde el momento de su aplicación. Cuando vayas a hacer la compra al súper y te vayas como loca al expositor de cremas solares a 6 euros de marca blanca, piénsatelo dos veces. No es cuestión de huir de los filtros químicos, pero si de buscar aquellos de calidad y de utilizarlos con los tiempos y la frecuencia necesaria.

En el lado opuesto de la tarorexia inconsciente, está lo que yo llamo “blancorexia”, es decir huir del sol como si fuera el mismo demonio. Si pasarse tomando el sol es malo, igual de insano es la ausencia total de sol. MI madre padece osteoporosis y su médico fue muy claro: “esto no reversible, pero puedes frenar su avance tomando el sol todos los días… Y dígale a su hija que empiece a hacerlo también si no quiere seguir por el mismo camino”. Desde entonces procuro ponerme al sol casi a diario, unos 20 minutos antes de las 11.00 de la mañana siempre y sin protección.

Es la única forma de que nuestro cuerpo absorba vitamina D a través de la piel, esencial para fortalecer nuestros huesos y evitar sufrir osteoporosis en el futuro. Además, científicos del Boston University medical center han descubierto que la vitamina D también interviene en la destrucción y renovación de las células, en la producción de insulina y en al protección del sistema inmunológico, y que su deficiencia puede agudizar enfermedades como depresión, disfunciones cardíacas, cáncer y esclerosis múltiple.

Espero que os haya resultado útil el post. Como siempre os digo, en el equilibrio y el sentido común está la clave.

Fuentes: The Organic Pharmacy y The Beauty Mail. Fotos: Getty Images.

Nos vemos dentro de nada, mientras podéis encontrarme aquí:

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