Feliz trabajo, trabajo feliz

Para que un trabajo te llene necesitas dos cosas: la primera, que creas que el trabajo depende de ti, que tú te sientas útil, al mando, y no una marioneta que simplemente hace lo que le dicen sin pensar; la segunda, que creas que ese trabajo sirve para algo. Y no hace falta ser el mejor cardiólogo, ni un gran científico para sentir que tu trabajo sirve para algo; yo misma he trabajado toda mi vida en comunicación de moda, belleza y lifestyle, evidentemente no salvo vidas, pero si que contribuyo a una industria que crea riqueza, demanda puestos de trabajo, fomenta la creatividad, pone en valor la artesanía y el saber hacer, etc.

Ahora tengo la suerte de trabajar en un lugar donde se me valora, donde tengo magníficos compañeros, donde me lo paso teta, pero no te voy a engañar, hay días que me enfado con mi trabajo, porque no me llena, porque no me realiza, porque me parece monótono… Llevo tiempo reflexionando sobre lo que significa trabajar, ¿te has parado a pensar cuánto es actitud y cuánto es conocimiento en el trabajo? Yo si, y me he dado cuenta de que lo que realmente me realiza en el trabajo no es lo que hago, o el conocimiento y las habilidades que requiere mi trabajo, sino el ambiente en el que trabajo. Las emociones se contagian, si trabajas y vives rodeado de personas entusiastas y optimistas, eso se contagia, pero ojo que el gafe también transmite. Todos tenemos alguien en nuestra lista de contactos que cuando suena el teléfono y ves que es él o ella, ya sabes que te va a amargar la vida, “todo está mal, todo es una mierda y todo va a ir a peor”, ¿o no?

En la vida y en el trabajo uno atrae lo que es, si eres ilusión, atraerás ilusión, si eres un mojón, ¡atraerás mojones! 

Si te fijas, la gente que triunfa en la vida responde a un patrón bastante similar. Lo primero, es que es gente con un cociente de optimismo altísimo; lo segundo, es que es gente con vida, energía, ganas, entusiasmo. Cuando estás viviendo un trabajo que no te apasiona o cuando estás viviendo una vida que no te apasiona, y tu mente sigue ahí a piñón fijo y con el piloto automático “por el qué dirán”, “porque cómo voy a reinventarme ahora”, “porque donde voy a mi edad”, “porque no se hacer otra cosa”, ante eso tu cuerpo empieza mandarte señales en forma de incomodidades físicas: insomnio, contracturas, colesterol, tensión alta, migrañas, malas digestiones… y si no le haces caso, ¿qué hace? Aumentar el dolor hasta provocar enfermedades realmente graves.

Si comes zanahoria, cagas zanahoria, si quieres cagar cebolla tendrás que comer cebolla, es decir, no quieras que los resultados sean diferentes si sigues haciendo lo mismo, mendrugo! O cambias las causas, o no cambiarás los efectos.

Siento la frase escatológica, pero creo que es el ejemplo más visual que se puede poner 😉 Y a los que sois jefes, recordad siempre que el rendimiento en la vida es directamente proporcional al cariño que uno recibe, también en el trabajo, y cuando alguien se siente valorado y recompensado, se dejará los cuernos por su empresa. Hagamos de nuestras empresas lugares amables.

Aprovecho para dejaros un nuevo regalo, en este caso para trabajar. Es el organizador semanal que utilizo y que me resulta súper útil para tener una visión de la semana, con lo que voy a hacer cada día, lo que es prioritario, las reuniones que tengo, etc. EL precioso diseño es de mi querida Cristina Enríquez. ¡¡¡Espero que os sirva!!! Lo podéis descargar aquí.

Nos vemos muy pronto por aquí, mientras puedes encontrarme en Instagram como @janafr o en mi mail jana@janafernandez.es.

¡Mil besos!

Jana

NOTA DE LA AUTORA: si quieres compartir este post ¡genial!, pero por favor, si utilizar parte o todo el contenido de este post en otro site/blog/RRSS, acuérdate de mencionarme 😉 ¡Gracias!

 

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