Esto iba de ser auténtico y honesto, ¿no?

Esta semana mi querida Raquel García Cano me hacía llegar vía Facebook un artículo escrito por Alberto Rey, una de esas personas que no conoces personalmente, solo de leerla, pero sabes que te encantaría tomarte uno o varios cafés con ella porque intuyes que es una fuente inagotable de historias, curiosidades y sentido común.

Dicho artículo trataba sobre un tema que últimamente acapara casi todas mis conversaciones: “esa nueva casta de influencers, instagramers y bloggers que han tomado el mundo de la moda y la publicidad como si siempre les hubiese pertenecido”, Alberto dixit. Y no puedo estar más de acuerdo. De la mano de marcas ansiosas de visibilidad que no han dudado en hipotecar su producto y su reputación de marca a cambio de unos cuantos post, los wanna-be del mundo de la moda se han lanzado a los brazos de WordPress e Instagram para crear blogs y postear día y noche, sin ton ni son, sin coherencia ninguna. Que hoy soy chef, mañana entrenador personal, pasado te lanzo un libro, al otro te aconsejo sobre la suplementación que tienes que tomar (MIEDITO ME DA) y la semana que viene… lo que me pida la marca de turno a cambio de unos pocos euros, de unas zapas, de un bolso o de un pack de cremas. Guardo en una carpeta todos los mails que han llegado al correo de The Running Closet durante sus tres años de vida en los que personas completamente anónimas, que escudándose en dos post vacíos de contenido y llenos de faltas de ortografía me pedían producto a mansalva, regalado claro, para escribir sobre la web… Por favor, si algún proyecto de influencer me está leyendo, antes de hacer algo así asegúrate de que tu web tiene más visitas que la mía y de que en tus redes tienes más seguidores REALES que yo, si no exactamente, ¿qué aportas?

Siento ser tan dura, quizás el llevar trabajando en el mundo de la comunicación de moda casi diez años y poder ver de qué va todo esto desde dentro hace que mis palabras estén libres de eufemismo. Vivir a este lado del business si que da para un libro y de los buenos

Como hago en todos los post en que critico algo, empiezo entonando el mea culpa. Yo misma he pretendido ser lo que no soy en mis redes sociales, y no, ni mi vida es de color de rosas, ni estoy 24/7 de buen humor, ni entreno cada día cual atleta profesional, ni llevo la talla 36 y tengo el six pack más definido que CR7. Los que me leéis últimamente os habréis dado cuenta de que algo está cambiando, por lo menos en mi, y en la medida de lo posible voy a intentar que también cambie en mi entorno. No es nada del otro mundo, es sencillamente aplicar la honestidad y la coherencia a todo.

Yo no soy influencer ni mucho menos, por eso cuando alguna marca se pone en contacto conmigo para que pruebe algún producto me siento halagada, algo han tenido que ver en mi, y desde luego no son 100k seguidores. Espero que ese algo sea rigor, profesionalidad, honestidad, cero mamarracheo, o de todo un poco. Por eso, cuando hace un par de semanas me contactaron desde Panasonic para que probara su nuevo modelo de auriculares inalámbricos, acepté su propuesta con la idea de hacer lo que me habían pedido: probarlos, decir qué me parecían y, si me gustaban, sortear unos entre los seguidores de The Running Closet.

Y eso he hecho. Los he probado para hacer los dos únicos “deportes” que puedo hacer ahora mismo: andar y hacer yoga. Especialmente para hacer yoga han sido todo un descubrimiento. Ahora que ha empezado el buen tiempo, si practico en casa me gusta hacerlo en la terraza o bajando al jardín de la urbanización, y lo hago con música. Pero claro, tanta asana es incompatible con unos cascos conectados al móvil, así que he visto el cielo abierto, ahora la abstracción es total y no tengo que hacer esfuerzos por oír la música entre en ruido de un coche, los gritos de los niños jugando, etc.

Podéis ver todas las bondades de los auriculares aquí, pero si os digo la verdad para mi los dos aciertos de este modelo son (además de la calidad del sonido que es muy buena): que no llevan diadema rodeando la cabeza, por lo que te puedes tumbar y hacer posturas sobre la cabeza sin clavártelos; y que para las personas que tenemos orejas pequeñas y que no nos caben los auriculares estandard, el hecho de que incorporen la pieza de silicona que se mete en la oreja en diferentes tallas es lo más. Si tengo que sacarles un pero, es que precisamente para las orejas pequeñas la estructura de “arco” sobre la oreja resulta demasiado grande, y si no la llevas bien colocada se te cae.

Para cerrar el post de hoy vuelvo a citar a Alberto porque creo que esta frase lo dice todo: “Ni siquiera Madonna vive de ser Madonna. Vive de HACER Madonna”. Podéis leer su post completo aquí

Nos vemos dentro de nada, mientras podéis encontrarme aquí:

 @janfr     jana@janafernandez.es

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