Eres único. Descubre tu MI yoga

¡Hola!

¿Qué tal la Semana Santa? Yo la he pasado en Helsinki. ¡Por fin nos conocimos esa ciudad y yo! Llevaba tiempo queriendo ir pero por una cosa u otra al final no podía ser. Esta vez lo tenía muy fácil. Tallinn y Helsinki están a sólo 2 horas y media en ferry, y es un viaje barato y cómodo. El ferry es tan grande y te permite moverte tanto que casi no te das cuenta de que estás viajando. Me contaron que todos los fines de semana por la noche se organizan verdaderos fiestones en los barcos porque el alcohol es mucho más barato que en Finlandia. Yo fui y volví por la mañana, así que me perdí esas famosas juergas.

Capilla del Silencio. Este original edificio de madera fue construido con motivo de la capitalidad mundial del diseño en 2012 y es un lugar de recogimiento en el que no está permitido hablar, de ahí su nombre. Me encantó tanto por fuera como por dentro. Si todavía no habéis estado, Helsinki merece una visita; es una ciudad moderna, elegante y funcional. Estuve 5 días, tiempo suficiente para pasear por sus calles, visitar a mis amigas Ana, Eliso y Nabila, disfrutar de una sauna finlandesa, practicar Ashtanga y dar clase en dos estudios. Nuevos estudios, nuevos alumnos y un propósito: transmitir yoga.

MUCHAS PERSONAS, MUCHOS YOGAS

Personas muy diferentes entre sí que crean y comparten una misma energía, eso es para mí una clase de yoga; y una de las cosas más bonitas de ser una profesora viajante -“la viajanta”, me llama un amigo- es que nunca sé qué me voy a encontrar al llegar al estudio por primera vez. Lo único de lo que estoy segura es de que voy a enseñar -o a tratar de enseñar- la serie de Bikram, las 26 posturas y los 2 ejercicios de respiración. Todo lo demás es imprevisible: el calor y la humedad (la sensación varía mucho de una sala a otra), la disposición y la iluminación de la sala, el número de alumnos, su comportamiento durante la clase, su nivel de experiencia, etc. Es increíble lo que puede cambiar una clase de Bikram Yoga de un estudio a otro y es muy curioso observar lo distintos que somos aún cuando hacemos una misma cosa.

“Si se piensa con detenimiento es precisamente porque somos muy distintos unos de otros por lo que conseguimos ponernos en marcha y perdurar como seres independientes (…) Que yo sea yo y no otra persona es para mí unos de mis más preciados bienes”. Haruki Murakami, De qué hablo cuando hablo de correr.

Efectivamente, somos ÚNICOS. Yo soy yo, no soy tú, no soy aquél. Yo tengo un cuerpo, una mente y unas circunstancias que no tienen nada que ver con las tuyas, así que, por el bien de mi salud física y mental, no puedo pretender hacer lo mismo que haces tú ni debo compararme contigo. Me acuerdo mientras escribo este post de una mujer a la que conocí en el estudio de Bergen, Noruega. Después de cada clase me decía: “¡Qué duro es esto! ¡En cambio parece tan sencillo cuando lo haces tú, se te ve tan tranquila!”. Esta mujer correrá este año su octava maratón…

Y como cada uno tenemos un cuerpo, cada uno tenemos un yoga, un “mi yoga”. En una clase de Bikram oficialmente las posturas son las mismas para todos; lo que es distinto es el modo en que cada cuerpo acepta esas posturas. Lo que para ti puede ser (relativamente) fácil a mí me puede costar (casi) la vida. Y es más, una postura puede ser (relativamente) fácil para mí y la siguiente costarme (casi) la vida.

Esta postura refleja muy bien lo que he dicho. Es la décima de la serie y su nombre en sánscrito es Dandayamana (de pie) Bibhaktapada (piernas separadas) Janu (rodilla) shira (cabeza) asana (postura). “Touch your exactly forehead on the knee. Forehead should touch the knee. If you can’t touch your forehead, bend your knee a little bit but you have to touch your forehead to the knee or the posture hasn’t even started yet”. Como habréis descubierto por estas insistentes palabras de Bikram, lo más importante de la postura es que la frente toque la rodilla de la pierna que queda delante. ¡Misión muy complicada para mí (pero quizá muy fácil para ti)! Por supuesto, tengo que doblar la pierna si quiero que la frente toque la rodilla. Son ya unos cuantos años de práctica y, aunque el tiempo no ha pasado en balde, no acabo de ver el momento en que pueda estirarla del todo.

Mirad ahora estas otras fotos…

MI yoga

La de la derecha es la postura Utthita Parsvottanasana (y dos variaciones) y pertenece a la primera serie de Ashtanga. Se parece en varias cosas a la de Bikram pero es diferente en un detalle fundamental: mientras que la de Bikram es una COMPRESIÓN de la columna la de Ashtanga es un ESTIRAMIENTO de la misma. Y sin ninguna duda a mi columna le gusta muchísimo más estirarse que comprimirse. Mi cuerpo acepta mejor una postura que la otra lo que no significa que mi “frente toca rodilla con piernas separadas” sea incorrecta. Simplemente, el estiramiento se me da mejor.

¿Analizamos un poquito la postura de Bikram? 

Junta las manos, cruza sólo los pulgares, estira los brazos y mantenlos pegados a la cabeza. Puedes abrir las manos cuando hayas bajado, eso te ayudará a mantener el equilibrio, pero no dobles los codos. Tanto las caderas como los talones deben estar en línea, es decir, ambas caderas SÍ se ven en el espejo y el talón de atrás NO se ve en el espejo.

La distancia entre los pies es de un metro aproximadamente. El pie de atrás tiene que estar a 45 grados. Esto es fundamental porque si ese pie está demasiado abierto -a menos de 45 grados- no podrás alinear las caderas y si, por el contrario, está demasiado cerrado -casi a 90 grados, como el de delante- correrás el riesgo de caerte porque sería como caminar sobre una línea recta. Una vez colocados los pies, no los muevas hasta terminar la postura.

Si tu objetivo es que la frente toque la rodilla, necesitas redondear la columna y la mejor y más fácil forma de hacerlo es vértebra a vértebra. Pega la barbilla al pecho, fija tu mirada en el estómago y baja despacio. No entres en la postura mirando hacia adelante porque en ese caso tu columna estará estirada y quieres hacer justo lo contrario. Sentirás que te cuesta respirar –“throat choked” le llama Bikram, algo así como “garganta atragantada”-; es algo que forma parte de la postura así que asúmelo, no abras la boca aunque tengas ganas de hacerlo y sigue respirando por la nariz. Cuanto mayor sea esa sensación de garganta atragantada, mejor; y cuanto más metas el estómago -dejando un gran hueco entre el estómago y el muslo-, también mejor. Ambas cosas contribuirán a conseguir una mayor compresión de la columna.

Puedes doblar la pierna delantera pero no la trasera, que, como en las posturas de equilibrio, tiene que ser una pierna sólida: muslo contraído, rodilla estirada y pie plano en el suelo. ¡Cuidado con el talón, va a querer levantarse! Lleva el peso del cuerpo a la pierna adelantada para mantener las caderas en línea y presiona las yemas de los dedos contra el suelo para intentar estirar la rodilla. ¡Una vez más el suelo, ese gran aliado!

Entra y sal de la postura con ambas piernas estiradas para ser más estable; entra “enrollando” la columna desde el cuello hasta el coxis y sal de ella “desenrollándola” desde el coxis hasta el cuello.

Y poco más que decir por hoy…

Recuerda siempre: estires o no la rodilla, llegues más lejos o menos lejos tu postura será perfecta si te viene bien a ti. Porque el protagonista de esta historia eres tú; porque esto es por ti y para ti. Porque tu yoga eres tú.

Nos vemos en dos semanas. ¿A que no sabéis dónde estaré? ¡Dinamarca me llama!

Un abrazo fuerte.

Namaste.

P.D. Escribí este post en Helsinki y cuando creí que ya había terminado de contar lo que quería contar me encontré con este mensaje en casa de Ana: “There is no one else in the world like me“. Pues eso.

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