Del “yo puedo con todo” al “me he pasado”…

 

¡Hola desde Estonia!

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Nada más llegar a Tallinn salí a dar un paseo junto al mar. El atardecer en la bahía de Kopli fue precioso.

He tenido que venir a Tallinn para vivir en una casa con vistas al mar. Desde hace 10 días el Báltico es lo primero que veo al levantarme. Acostumbrada a Madrid, “donde el mar no se puede concebir”, que diría Sabina, esto es algo completamente nuevo para mí. ¡Y me gusta! También es la primera vez que veo nieve, en lugar de arena, en la orilla. No es el caso ahora pero los lugareños me han dicho que algunos inviernos el mar se congela y aparecen icebergs. ¡Y de repente me he dado cuenta de que no he visto icebergs en mi vida! Sólo en la peli “Titanic” y creo que esos no cuentan…

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Durante mis últimos días en Riga participé en un taller de Ashtanga y Yin Yoga. Tres días estupendos de práctica y de aprendizaje.

En el post de hace dos semanas hablé de las sorpresas agradables que proporciona la práctica de yoga, de lo fantástico que es dejarnos sorprender con lo que podemos hacer con nuestro cuerpo y con lo que nuestro cuerpo es capaz de hacer. Siempre pensaste que esa postura no era para ti hasta que decidiste intentarla para descubrir a continuación que sí tenía tu nombre. Y como el yoga consiste en intentar cosas y es un viaje interminable, las sorpresas se suceden continuamente. Pero – y aquí viene el lado malo de esta historia- hay sorpresas menos bonitas también, bastante desagradables incluso. Aunque parezca mentira, practicando yoga podemos hacernos mucho daño.

“NOS LESIONAMOS CUANDO LA MENTE VA MÁS DEPRISA QUE EL CUERPO”

Esta frase la dijo un osteópata en unas jornadas sobre salud y deporte a las que asistí hace un tiempo. La recuerdo porque me pareció y me sigue pareciendo una magnífica descripción de lo que ocurre cuando dejamos de escuchar al cuerpo. Es ese momento en el que la mente quiere pero el cuerpo no; ese momento en el que la mente insiste y el cuerpo sigue sin querer; ese momento, al fin, en el que el cuerpo se enfada y la mente no tiene más remedio que claudicar. Hablo por experiencia propia. A mí me ocurrió con la postura “estiramiento con piernas separadas de pie” cuando empecé a practicar Bikram (podéis leer el post que escribí sobre ella aquí). Tenía tantas ganas y tanta prisa por tocar el suelo con la frente que me pasé de lista y de impetuosa, y mi cuerpo me dijo “¡hasta aquí hemos llegado!”. Resultado: dolor intenso en el nervio ciático y 8 meses sin poder hacer la postura.

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Cuidado con los doblamientos hacia atrás porque suelen provocar molestias en las lumbares. Si no los has hecho nunca, la pared puede ayudarte al principio a empujar las caderas y los muslos hacia adelante, y a levantar el pecho para evitar que te “derrumbes” sobre la parte baja de la espalda.

Con el Ashtanga me ocurrió algo similar. Estaba tan contenta de ver que podía mantener la posición de loto -una posición que siempre pensé que no era para mí- que me dejé llevar por la emoción y la repetí una y otra vez. Demasiado para mi cuerpo, para mi rodilla derecha más concretamente. Resultado: un bonita lesión del ligamento lateral interno que me impidió doblar y estirar con naturalidad la rodilla y, por lo tanto, hacer bastantes posturas de yoga durante 6 meses. Como veis, pagué la novatada en ambos casos.

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Urdhva Padmasana, de la primera serie de Ashtanga Yoga. La posición de loto está presente en varias posturas de Ashtanga.

“ES MI CUERPO Y HAGO CON ÉL LO QUE ME DA LA GANA”

“EFECTIVAMENTE, PERO HAZLO BIEN, POR FAVOR”

¿Qué APRENDÍ de todo esto? ¡Un montón de cosas! Que no merece la pena forzar nada porque todo llega antes o después; que es verdad eso de que “las prisas nunca fueron buenas”; que tengo que aceptar lo que mi cuerpo me permite hacer en cada momento; que sólo tengo un cuerpo y que me tiene que durar toda la vida; que hay que saber parar a tiempo; que mi cuerpo es muy agradecido y está dispuesto a darme muchas satisfacciones a cambio de que lo cuide; que debo caminar siempre sobre esa delgada línea que separa el “puedo llegar un poquito más lejos” del “me he pasado”… Pero sobre todo, ASUMÍ que soy RESPONSABLE de mis actos. Nada de echar balones fuera ni de culpar a otro(s) de lo que yo solita había decidido hacer.

¿NO PAIN NO GAIN?

Sé que hay personas, practicantes o no de yoga, alumnos o profesores, que consideran que sin dolor pocas cosas se pueden conseguir en esta vida. El mismo Bikram habla de dolor en su diálogo: “Your back is going to hurt like hell…”, “Shoulders are supposed to hurt…”, “Make sure your back hurts, elbows hurt…”. Yo en este punto ni puedo ni quiero estar de acuerdo con él. Asegúrate de que sientes algo, sin duda, porque si no sientes nada es que no está ocurriendo nada pero que ese algo no sea dolor, especialmente durante una clase de Bikram Yoga que se practica a 40 grados para, entre otras cosas, evitar lesiones. ¡Si te duele el cuerpo cuando está caliente imagina cómo será ese dolor en frío! Lo único bueno que tiene el dolor es que aparece para decirte que algo está fallando, que algo no va del todo bien y que es el momento de dar un paso atrás. Como alumna me siento responsable de lo que HAGO con mi cuerpo durante mi práctica y como profesora me siento responsable de lo que DIGO durante la clase. Para mí sería muy doloroso, valga la redundancia, que un alumno se hiciera daño por una instrucción que yo le hubiese dado.

Antes de terminar, parémonos unos segundos a pensar qué beneficios tiene la práctica de yoga. A grandes rasgos: AUMENTA la fuerza, la flexibilidad y el equilibrio corporal; REDUCE la ansiedad, el estrés y la depresión. Es decir, el objetivo es un bienestar físico y mental. ¿De verdad tiene sentido pretender alcanzar ese bienestar mediante el dolor? Yo creo, sinceramente, que no. El yoga no debe provocar dolor, ni físico ni mental. Creo que las metas que cada uno se pone llegan a base de esfuerzo, constancia, pasión, disciplina, dedicacion… y no a base de dolor. Pero, por supuesto, ésta es sólo mi opinión.

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Este chiquitín nos protege de los malos en el estudio (Bikram Yoga Tallinn)

¡Nos vemos en dos semanas! Os contaré mi viaje en ferry desde Tallinn hasta Helsinki. Voy a la capital finlandesa unos días a visitar a unas amigas, a pasear y a dar clase. ¡Súper plan!

Un abrazo fuerte.

Namaste.

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