Crónica de la Behobia-San Sebastián

Cuando la cabeza va, las piernas también, pero el calor no te deja avanzar a gusto. Con esa frase puedo resumir la carrera del domingo.

Comencemos por el principio.

Durante las últimas dos semanas he tenido una tendinitis en el tendón del cuádriceps, lo que hacía presagiar que no iba a ser una buena carrera. Sin embargo, los últimos dos días en Madrid había entrenado sin dolor, aunque menos kilómetros y a un ritmo más bajo. Así que, ni sabía cómo iba a responder mi rodilla ni mi cabeza, ya que por el dolor no había podido completar mis últimas tiradas largas.

behobia san sebastián, running, the running closet

Llegamos el viernes a San Sebastián, con mis padres y unos amigos. Corríamos tres pero el viaje prometía. La ciudad impresionante, San Sebastián nunca decepciona, lo que nadie podía esperar es que en esta época del año nos íbamos a encontrar con temperaturas tan elevadas. La Behobia-San Sebastián se suele caracterizar por lluvias y frío, aunque algún que otro año ya se había presentado el calorcete, esto no es lo habitual.

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Durante todo el fin de semana desde la organización recomendaban bajar el ritmo previsto e hidratarse bien, pero nada ha sido suficiente. El ambiente antes de la salida increíble, daba gusto ver a tantos miles de personas juntos por un mismo fin. Los primeros 6 km cumplidos en un minuto menos que el ritmo previsto, iba contenta. En la primera subida importante, en el km 7, llegaron las primeras aglomeraciones en los avituallamientos, consigo mantener el ritmo y paso el km 10 con pérdida de un minuto por las paradas obligadas para hidratarme. A partir de ahí, el calor empezó a ser insoportable.

En la parte más fácil del recorrido fue cuando más tiempo perdí y empecé a acusar de verdad el pleno sol de las 13:00 horas y la escasez de agua. En ese momento tiré de cabeza y decidí disfrutar del maravilloso público, de los voluntarios y olvidarme del reloj. Así lo hice y terminé con un tiempo mucho más alto de lo previsto pero contenta por haber llegado a la meta. En fin, he disfrutado sufriendo y, como dice Cristina Mitre, llegar es una celebración de la vida y lo difícil era ponerse en el arco de salida con los deberes hechos y eso lo he cumplido.

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Una buena experiencia y, sacando conclusiones, se que puedo correr más rápido de lo que lo hacía el año pasado, que tanto mi cabeza como mis piernas son capaces de aguantar carreras largas, y no, no me ha dolido la rodilla ni un solo segundo. También confirmo que mi peor enemigo en carrera es el calor como ya me ha pasado en otras ocasiones. Llegados a este punto sólo me queda dar las gracias, a mi marido, rebautizado este fin de semana como “pollito”, porque correr conmigo no es fácil, a mis padres por creer que puedo lograr lo que me proponga siempre, a nuestros amigos por venir. Sera porque sin tus entrenamientos no hubiera podido terminar ni soñándolo, si estoy mejorando es gracias a ti, Carlos, porque me acompañas en los entrenamientos difíciles y eso tiene mucho mérito, y Juan Ra, porque fuiste el primero en decirme que podía correr rápido, que mi cabeza tenía mucha culpa y así es. Gracias porque siempre estáis pendientes y dándome ánimos.

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Nos vemos el 2 de abril en Praga y ahí si espero poder cumplir el objetivo. Gracias a todos los voluntarios porque sois la esencia de la carrera, a la organización un tirón de orejas esta vez porque los avituallamientos dejaron un poco que desear. Y a las familias de los dos fallecidos, mi más sentido pésame.

¡Nos vemos dentro de dos semanas chicas!

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