Cómo conseguir dormir, y dormir bien, todos los días

Entre las clases de spinning a última hora, las cenas que se alargan más de la cuenta, preparar la comida del día siguiente, y compartir un rato – muchas veces el único del día – con tu familia, es más que probable que no te vayas a la cama antes de que de las 00.00h… ¿A que te suena? Si a esto le sumas tener una “monkey mind” como la mía (tu cabeza no para de crear, pensar, analizar, anticipar, recordar, juzgar constantemente, como si estuviera llena de monos borrachos según la metáfora de Buda, aún no hemos hablado de esto pero lo haremos en breve en profundidad), el tema de ZZZZs se complica.

Habrás oído mil veces que hay que dormir, es uno de los secretos de belleza de todas las modelos, pero lo cierto es que tener unas cuantas horas de sueño de calidad es fundamental, y no solo para reponer fuerzas y recargar tus niveles de energía para el día siguiente. La hora de dormir es el pistoletazo de salida para que tus órganos internos empiecen a resetearse, para que tus células empiecen a regenerarse y para que tus hormonas se regulen de forma eficiente (si, también las responsables de controlar tu apetito…).

Los beneficios de un sueño regular son tantos que es importante que no solo te sepas la teoría y los fines de semana te des atracones de 12 horas (quien pueda), sino que establezca un ritual previo para que cuando te metas bajo las sábanas tu cuerpo y tu mente se restauren de verdad. Todos los días. Como todo, tienes que establecer un ritual propio, lo que a ti te vaya bien, puedes probar los trucos que les han funcionado a otros, pero busca TU ritual. Este es el mío, ¡espero que te sirva!

1. Prepárate para la hora de dormir durante todo el día

Igual que marcas en tu agenda tus reuniones, citas, cuándo vas a ir a entrenar, etc., tienes que marcar cuándo vas a irte a dormir. Yo antes me acostaba a las mil leyendo, cotilleando Instagram, o viendo la serie de turno, mi prioridad era cualquier cosa antes que dormir. Ahora se que a las 23.00 pm como máximo tengo que estar en la cama. Del mismo modo, pienso en qué voy a hacer y qué voy a comer antes de dormir. Se que si ceno tarde y no dejo pasar al menos dos horas antes de acostarme durante toda la noche soy consciente de cómo digiero cada bocado. Del mismo modo, he dejado de hacer “de todo” (cocinas, lavadora, chequear el mail, hablar por teléfono…) justo hasta el minuto antes de acostarme, ahora intento estar al menos una hora tranquila, en el sofá, charlando con mi chico, sin hacer nada más que disfrutar de su compañía y dejando que mis pulsaciones se vayan relajando.

2. Mantener la tecnología fuera de la habitación

“Tenemos que recuperar el dominio sobre nuestros dispositivos, porque en este momento muchos de nosotros somos auténticos adictos”. No puedo estar más de acuerdo con las palabras de Arianna Huffington. ¡Esto me ha costado la misma vida! Y reconozco que nos siempre lo cumplo… Pero en la medida de lo posible intento apagar teléfonos, PC y demás dispositivos una hora antes de acostarme. Como dice la experta en wellness Candice Kumai, “mi dormitorio es mi santuario, es mi lugar seguro y un refugio para la paz y la meditación”. Ya os digo que esto no es fácil si como yo sueles cerrar Instagram estando ya dentro de la cama, pero merece la pena hacer un esfuerzo y convertir tu dormitorio en un remanso libre de señales inalámbricas, bluetooth y demás redes.

3. La leche caliente de toda la vida

El remedio de madre por excelencia que a mi me sigue funcionando. Solo he cambiado la leche de vaca por leche de almendras. Justo esta semana he podido conocer en persona a una de mis “ídolas”, la yogui Lauren Imparato (entiéndase por ídolas mujeres a las que admiro porque han sabido tomar las riendas de su vida y conseguir el éxito sin sacrificar su felicidad). En su nuevo libro Retox. Yoga para la vida real, propone como remedio para conciliar el sueño precisamente un vaso de leche caliente de almendras: el calor relaja el organismo, y el magnesio y el triptófano presente en las almendras reducen y relajan la función nerviosa y muscular.

Con Lauren Imparato en B3B Woman Studio

4. A contar

Pero no ovejas, sino respiraciones, o lo que es lo mismo, el ejercicio más básico por el que empiezas cuando te inicias en la meditación. Si ves que empiezas a dar vueltas, cada vez te pones más nervioso, y no dejas de pensar en lo que ha pasado hoy o en lo que va a pasar mañana, es el momento respirar. Hazlo solo por la nariz (esto ayuda a crear ondas cerebrales suaves, propias de los estados de relajación), y empieza a contar despacio, cada vez que tu cabeza se disperse con pensamientos, buenos o malos, vuelve a empezar a contar. No te pudo decir cuánto tardarás en dormirte porque esto no es una ciencia exacta, pero te aseguro que esos minutos de meditación son el mejor ejercicio para tu cerebro.

Si como a mi el estrés te pasa factura en forma de insomnio, empieza a crear ya tu propio ritual, verás que pronto notas los beneficios.

¡Dulces sueños!

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