¿Carne si o carne no? Esa es la cuestión…

Madre mía la que se ha liado las últimas semanas con la OMS y su último comunicado, ¿no os parece? Vamos a desgranarlo un poco y luego os doy mi opinión…

Para empezar, esto no es nuevo. Es sólo la reafirmación de algo que ya se ha dicho durante muchos años, aunque económicamente no convenga a muchos. La OMS lo único que ha hecho ha sido juntar a un grupo de 22 expertos que han analizado y recapitulado toda la información que tenían al respecto. Su conclusión ha sido que el consumo de carne roja es probablemente carcinógeno (esto encaja en lo que ellos llaman grupo 2A), basado en una evidencia limitada de que el consumo de carne roja causa cáncer en los humanos. Sobre todo de colon y recto, de páncreas y de próstata. Sobre la carne procesada nos dicen que consumir una media de 50 gramos al día aumenta el riesgo de padecer cáncer colorrectal en un 18%.

¿Y qué esto de los grupos? Pues es lo más parecido a una escala de Richter (terremotos), pero aplicado a aquellos productos y su relación con el cáncer. Las categorías son estas:

meat rating

www.paleomoderna.com

Por lo que GRUPO 1 es lo peor y 2A lo siguiente peor… Ahí es nada. Entendido lo que dice, vamos a ponerle un poco de sentido común al asunto. Desde hace ya muchos años yo he sido la rara y criticada por no comer carne roja, ni de cerdo o cordero, tampoco se la he dado a mis hijos nunca (tienen 7 y 3 años), al igual que la leche de vaca, pero esa es otra batalla.

Desde el punto de vista nutricional la carne roja no es un producto fundamentalmente necesario para nuestra supervivencia y correcta alimentación, es decir, no es un alimento esencial. Si bien es cierto que contiene mayoritariamente un macronutriente esencial que es la proteína, más concretamente una proteína completa (8 aminoácidos esenciales). Se lo pone fácil al cuerpo ya que en una sola ingesta le estamos dando los aminoácidos necesarios para poder utilizarlos. Pero no es la única fuente proteica que aporta esta cadena completa de aminoácidos, hay otras muchas como el pollo, el pavo, la quinoa y otros muchos alimentos.

¿Y ahora qué?

El problema de todo esto y la alarma social ha venido porque tradicionalmente estamos acostumbrados (qué digo acostumbrados, acostumbradísimos) a consumir carne de ternera, cerdo, cordero y sus derivados y que vengan ahora los señores de la OMS a decirnos que esto no es bueno pues claro, crea cierto resquemor y provoca chistes como los que han llegado a mis manos de fotos deteniendo a Kevin Bacon, Peppa Pig y su padre escribiendo el comunicado para salvar su vida o un maletín lleno de chorizos a modo de metralleta desmontada…

Yo soy la primera que evita estos alimentos y la primera que intenta que la gente que está a mi alrededor y a la que asesoro los intenten evitar al máximo, pero es una cuestión de prioridades personales. Todos sabemos que fumar aumenta las probabilidades de padecer no sé cuantas decenas de enfermedades y, aun así, millones de personas en el mundo fuman. También nos escandalizamos cuando empezaron a poner las fotos en las cajetillas de tabaco o la típica frase de: “FUMAR MATA”. Es justo que sepamos que comer carne roja y procesada provoca cáncer y a partir de ahí ya que cada uno elija. Yo he elegido no comerla, no dársela a mis hijos y no recomendar su consumo como profesional de la nutrición, de la misma manera que recomiendo no consumir otras muchas cosas. Creo que la información es poder y que cada uno puede hacer con ella lo que quiera. Argumentar desde los extremos es débil y no podemos decir cosas como “Pues yo no comeré nunca carne roja porque es lo peor y tú tampoco deberías” igual que tampoco es justo decir “Pues mis abuelos comieron toda la vida carne roja y murieron de viejos”.

Como he dicho antes, es una cuestión de probabilidades y su consumo las aumenta bastante (un 18%, que es un aumento de riesgo que nos escandalizaría si lo trasladamos a probabilidades de accidente en un vuelo, por ejemplo). Seamos proactivos y exploremos otras opciones. Os voy a dar las claves para hacer más fácil la transición a quien quiera hacerla: 

– La carne de pollo o pavo está al alcance de todos; no tiene el mismo sabor pero se puede preparar de muchas maneras y disfrutarla mucho también. En lugar de comer hamburguesa de carne roja lo podemos hacer de carne de pollo. La venden picada en casi todas las grandes superficies.  

– Las pizzas barbacoa también las podemos hacer de este tipo de carne, pollo o pavo picados.

– El bacon se suele usar mucho para quichés o revueltos con huevo. En su lugar podemos poner jamón que es menos malo (2A en lugar de 1) o hacer quichés vegetales con champiñones, tomates secos, espárragos verdes…

– Hacer nosotros mismos las salsas boloñesa y no comprarlas hechas.

– Introducir en nuestra alimentación alimentos nuevos como la quinoa – un cereal fantástico y muy rico en proteína vegetal -, semillas como la chía, frutos secos como las almendras o las pipas de calabaza, y legumbres como las lentejas o los garbanzos que comemos demasiado poco en mi opinión, sólo una vez por semana en la mayoría de los casos.

No hay que volverse loca ni alarmarse, pero el mensaje es sencillo. Si comes mucha carne roja, no hay mejor momento que hoy para empezar a cambiar tus hábitos. 

Podéis encontrarme aquí: 

 @andrea_c_onzain    andrea@onzaindecasonutricion.com 

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